El café del domingo y un artículo muy estimulante sobre el trabajo remoto

café del domingo

Es domingo y acabo de abrir como siempre mi periódico digital mientras me tomo mi café con leche del desayuno.

Mi atención caé de inmediato en un articulo intitulado «El teletrabajo deja claros y oscuros en la vida de los empleados tres años después del inicio de la pandemia»

Empiezo a leer.

El articulo comienza así:

El confinamiento obligó a las empresas a participar en la transformación del trabajo tal y como lo conocíamos. Ahora, la presencialidad laboral se desvanece a pasos agigantados en muchos sectores y el teletrabajo, a pesar de sus beneficios, pasa factura en el bienestar del empleado.
Ni cafés de oficina ni atascos mañaneros. Son muchas las empresas que ya no apuestan por la presencialidad laboral desde que la pandemia obligó a mantenernos distantes y a trabajar desde los despachos que los empleados habilitaban austeramente en sus hogares. La idea del teletrabajo, aún sin regulación que respaldara los cambios que se consumarían más adelante, logró estabilizarse a lo largo del tiempo y traería consigo nuevos modelos laborales caracterizados por la distancia interpersonal.

Hasta aquí creo que son todos puntos positivos para el trabajo remoto.
El café en el 95% de las oficinas es asqueroso y los atascos mañaneros son lo peor para empezar un nuevo día»

Sigo leyendo:

La crisis sanitaria por la covid-19 revolucionó el mercado de trabajo y el cómo entendíamos la conciliación laboral. Supuso remodelar la estructura organizativa de las empresas a través de una nueva fórmula a la que nunca se prestó la suficiente atención, al menos en España: el trabajo remoto. Las alternativas para no dejar caer a los servicios no esenciales tras el decreto del estado de alarma pasaron por digitalizar la jornada, surgiendo el teletrabajo como medida auxiliar para sostener con pinzas una economía que suplicaba clemencia. Por eso, el teletrabajo desde 2020 resultó ser, por muchas razones, una ocasión de oro para el empresario y, aun pesando las contradicciones, también para el empleado.

Aquí añadiría que España a día de hoy, sigue sin prestar la suficiente atención al trabajo remoto a pesar de su gran aumento»

El autor sigue de hecho diciendo:

Antes de ese marzo de hace tres años, los establecimientos que recurrían al teletrabajo, según datos del INE, no representaban ni el 15% del total, y de éstos, sólo el 32,1% de su plantilla formaba parte de los teletrabajadores. Tras el decreto, el porcentaje de establecimientos que se acogieron al teletrabajo en España ascendió bruscamente al 48,8%, y prácticamente la mitad de esas plantillas se unió a la alternativa digital. «Ahora la cosa se está asentando. Hay sectores que giran hacia un modelo mixto, y otros hacia el teletrabajo», traslada a Público la responsable de Seguros y Oficina en UGT, Nuria Manzano.
La mayoría de las personas ocupadas que podían decidir entre el teletrabajo y la jornada presencial han preferido, según el INE, el trabajo a distancia (casi el 70% de los que podían optar al cambio). Entonces, ¿es este el inicio de una nueva etapa para el trabajo presencial? ¿Cómo se concibe este cambio en un contexto de alta productividad a bajo coste?

Hasta aquí todo correcto, el autor destaca claramente que el numero de trabajadores remotos está aumentando, que los trabajadores han elegido esta nueva modalidad para seguir con sus tareas y no volver a tomar el asqueroso café de las oficinas. Entonces pienso, estos son los «claros» y ahora, vamos a ver cual serán los «oscuros»

Es articulo sigue así:

No todo son ventajas en el teletrabajo

 

Vamos a ser honestos: a las empresas, el teletrabajo les ha supuesto un ahorro de costes importante, apunta la responsable de UGT. El teletrabajo ofrece nuevas oportunidades para mitigar las desventajas de acudir a la oficina: flexibiliza la jornada para poder adaptar el trabajo a la rutina personal del empleado, y las compañías logran mejores resultados en sus cuentas por el ahorro que supone no pagar alquiler de oficina, luz o mantenimiento. Las empresas, además, sacan beneficio de ello: todos los gastos que resultan de la jornada, como ordenadores o conexión a internet, los asumen los empleados. Por otra parte, conduce a mejores resultados laborales que recaen sobre los beneficios empresariales al mejorar el confort del empleado que prefiera el teletrabajo, explica Carlos Gutiérrez, secretario confederal de estudios y formación sindical en CCOO. Destaca que para muchos trabajadores la opción telemática les es rentable por suponer mayores niveles de bienestar, y el bienestar de los trabajadores repercute en la productividad, que a su vez repercute en el beneficio empresarial.

También, con la extensión del trabajo a distancia, los población en paro puede buscar nuevos empleos sin limitaciones por residencia o territorio, además de suponer un alivio para el medioambiente por reducir la movilidad (algo que sacan de provecho las empresas, pues evitan los costes derivados del transporte para sus trabajadores) y, por ello, la emisión de gases contaminantes. Además, la salud del empleado se puede ver fortalecida al evitar accidentes laborales, reducir parte del estrés ocasionado por la jornada y al favorecer la concentración. La conciliación, también, se hace posible, sobre todo para las mujeres que son las que habitualmente se hacen cargo de las tareas dirigidas al cuidado. Sin embargo, no siempre es así y no es igual para todos los teletrabajadores.

 

Termino de tomar mi café mientras reflexiono sobre lo que acabo de leer. Desde que empecé a leer el articulo, todos son puntos a favor del trabajo remoto, todo menos el titular de momento. Decido entonces de seguir leyendo, con el objetivo de encontrar por fin los lados oscuros del trabajo remoto en este articulo.

Sigo leyendo y ahora lo entiendo todo. El que habla de los lados oscuros del trabajo remoto no es el autor, sino Carlos Gutierrez, de CCOO, que seguramente habla en nombre de los trabajadores y no de los empresarios.

Ahora entiendo muchas más cosas del articulo, que sigue así:

 

Todo parece apuntar a una metamorfosis de las relaciones laborales, pero el trabajador, por más que vea beneficios en la alternativa, no consigue alcanzar el bienestar del que tanto se habla. A menudo, al empleado que teletrabaja le pesan los inconvenientes de este nuevo paradigma, que tienen que ver, principalmente, con aspectos psicológicos. «El teletrabajo tiene sus cosas buenas y sus cosas malas», recalca Manzano, que ve en la modalidad online un ahorro de tiempo para los trabajadores, pero que, a pesar de todo, reside en ella una parte negativa que es, el aislamiento. Se produce una desvinculación de los trabajadores con la empresa, declara la responsable de UGT, a lo que Gutiérrez, de CCOO, añade: El teletrabajo, del lado del trabajador, tiene sus puntos positivos, pero también negativos por la desconexión social que supone.

Perfecto, aquí entiendo todo. Gutiérrez habla de aislamiento, desvinculación, aspectos psicológicos.

Según el, un trabajador remoto, está encerrado en una cueva, trabajando desde lo alto de una montaña, encerrado en una prisión durante las 8h de trabajo,sin poder hablar con nadie y al finalizar su jornada, tampoco puede salir. No tiene familiares cercanos, ni amigos y poco a poco está perdiendo la mobilidad y el uso del habla porque lleva años sin ver a nadie y sin hablar con nadie, como un Robinson Crusoe de la época moderna.

Robinson

Según la CCOO, el trabajador remoto ha sido abandonado por la empresa en una isla desierta y está escondido en su casa hablando todo el día con Viernes! Su mejor amigo.

Esto se pone interesante y sigo leyendo.

Gutiérrez empieza a delirar, poniendo testimonios de trabajadores que encerrados en sus casas por obligación de no se que demonio infernal, no pueden salir de ellas.

Atrapados para siempre entre un ordenador y cuatro paredes.

Sigue así:

La modalidad online del trabajo no es nueva. El trabajo remoto ya existía desde los años setenta y los teletrabajadores llevan casi cinco décadas lidiando con los problemas derivados del aislamiento, la ausencia de una comunicación fluida entre empresa y empleado o la incertidumbre que genera la misma soledad. El sentimiento de pertenencia en la empresa se debilita y la capacidad de generar nuevos vínculos se desvanece.

 

En un principio, las nuevas tecnologías hicieron prever mejoras para la flexibilidad laboral. Sin embargo, y contra todo pronóstico, el teletrabajo dejó de ser una herramienta que velaba por la conciliación para personas con movilidad reducida, enfermas o con niños o familiares a cargo que querían participar en el mercado laboral en igualdad de oportunidades, y se ha convertido en la opción favorita de las empresas desde que comenzó la pandemia. Gutiérrez así lo expresa: «El teletrabajo no es una medida de conciliación, aunque pueda ayudar a la conciliación». Una conciliación que muchas veces es exigida por las mujeres, que deben compaginar su jornada laboral con las labores de cuidados.

Ahora vienen los testimonios, esto es lo mejor del articulo, así que me salto unos párrafos y voy directo al grano:

El relato de unos pobres trabajadores remotos

Lo que me atraía era saber que estoy en casa cuando termino de trabajar», cuenta a Público Raquel, una teleoperadora que dice añorar la vuelta al trabajo presencial. Tiene 21 años, es de Torrejón y reconoce que disfrutó en un primer momento las bonanzas del teletrabajo: «No pierdes el tiempo con el transporte ni preparándote para salir», pero pasado un tiempo, declara, «no desconectas porque te llevas el trabajo a casa». Incluso afirma sentir mayor presión por la carga de trabajo. «Piensan que estás en tu casa muy cómoda y sin hacer nada», algo que, afirma, le genera estrés innecesario en su hogar.

Algo parecido le ocurre a Daniel, de 23 años, que trabaja desde casa escribiendo para una empresa de comunicación. «Después de estar todo el día trabajando, estás cansado y quieres tirarte en el sofá, pero ya has estado muchas horas encerrado en casa», sostiene. Los límites se desvanecen, y el trabajo se entremezcla con los días de reposo y disfrute.

La vinculación del lugar de descanso con el del trabajo es más que evidente para los teletrabajadores: «Para mí, trabajo y tiempo libre se han fusionado», recalca Raquel, que espera cambiar a un piso más grande, con lo que quiere «destensar» la sensación de agobio mientras trabaja. Y, por si fuera poco, hacer acto de presencia, por lo general, se hace imposible con el teletrabajo y pasa factura en la relación entre empleado y compañía.

«Se desentendieron de mí y me di la baja por la ansiedad que me generó estar totalmente sola en un departamento nuevo», cuenta Ana, de 26 años, que promocionaba seguros para teléfonos desde su casa en San Fernando de Henares. La falta de retroalimentación por parte de la empresa -poder trasladar una queja o recibir una enhorabuena- hace que el empleado se sienta desprotegido en el puesto de trabajo, y sufre esa desprotección en soledad. «La comunicación con mi jefe y el entorno laboral se reducía a enviarme el trabajo de ese día», explica Dani.

Daniel, además, insiste: «Teletrabajando te sientes totalmente externo a la empresa». Ana relata la misma experiencia: «Pasan de ti, todo se informa por un chat, sin valorar lo que haces», cuenta. «No te prestan atención ninguna y quieren que vendas y vendas sin parar. Sólo sentía presión». «¿No me ayudáis y me habéis provocado esta ansiedad? Pues adiós», remata la trabajadora, que abandonaría el puesto más tarde.

ESTO ES INCREÍBLE. NECESITO OTRO CAFÉ.

Raquel lo tiene claro: «Pierdo la oportunidad de hacer nuevas amistades. Yo, realmente, tengo mi círculo de amigos lejos de donde vivo, lo que hace que tenga más ganas de acudir presencialmente a trabajar». Asegura que, aunque alguna amistad se hace, «no hay comparación». Ana defiende esas palabras: «Yo prefería acudir presencialmente porque estás con los compañeros y coordinadores, con la gente que te puede ayudar».

Dani, por todo esto y más, ve pocas esperanzas en un cambio a la vieja normalidad: «El teletrabajo se entendía como algo excepcional, pero ven factible que la gente se quede en casa. Y seguramente la cosa se quede así».

 

Conmovedor! Un artículo conmovedor sin duda alguna.

Me levando y llevo mi taza al fregadero, mientras sigo pensando que para Gutiérrez el trabajador remoto es como Crusoe y el barco que lo rescatará es la empresa. Que el trabajador remoto está sufriendo una grave injusticia, por tener que pasar sus días de trabajo (o quizás también los fines de semanas) sin tener contacto social (porque no tiene amigos fuera de la oficina) y sin libertad para poder salir, pasear, hacer deporte, relajarse, tomar el sol. Según Gutiérrez el pobre trabajador remoto, es un esclavo prisionero de su hogar.

El empresario es el único eroe de esta historia, que gracias a su generosa bondad, puede ayudar al trabajador, haciendo que se despierte una hora antes en el mejor de los casos, que pase otra hora entre atascos o en carretera, gastes dinero en gasolina, para que pueda sentarse en su puesto de trabajo y empezar una gran fiesta con sus compañeros de trabajo, que son también sus mejores amigos, su gran familia!!!

Gracias empresarios de España, gracias por dar al trabajador un sitio donde pasar 8 h entre amigos y donde puede encontrar una segunda familia!

Gracias.

He terminado el artículo y me han entrado ganas de ir al baño.

¿Habrá sido el café?

 

 

 

 

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